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viernes, 31 de agosto de 2012

Lección (209) - El fin de la injusticia


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (31/08/2012)

Lección (209) - El fin de la injusticia


  • ¿Qué es, entonces, lo que aún hay que deshacer para que pue­das darte cuenta de Su Presencia? Solamente esto: la distinción que todavía haces con respecto a cuando está justificado atacar y cuando es injusto y no se debe permitir. Cuando percibes un ataque como injusto, crees que reaccionar con ira está justificado. Y así, ves lo que es lo mismo como si fuese diferente. La confu­sión no es parcial. Si se presenta, es total. Y su presencia, en la forma que sea, ocultará la Presencia de Ellos, pues a Ellos o se les conoce claramente o no se les conoce en absoluto. Una per­cepción confusa obstruye el conocimiento. Y no es cuestión de cuán grande es la confusión o de cuánto interfiere. Su mera pre­sencia impide la de Ellos y los mantiene afuera donde no se les puede conocer.
  • ¿Qué puede significar el hecho de que percibes algunas formas de ataque como si fuesen injusticias contra ti? Significa que tiene que haber otras que tú consideras justas. Pues de otro modo, ¿cómo se podrían juzgar algunas como injustas? Por lo tanto, a algunas se les atribuye significado y se perciben como sensatas. Y sólo otras se consideran insensatas. Y esto niega el hecho de que todas carecen de sentido, de que están desprovistas por igual de causa o consecuencias y de que no pueden tener efectos de ninguna clase. Su Presencia se nubla con cualquier velo que se interponga entre Su radiante inocencia y tu conciencia de que dicha inocencia es la tuya propia y de que le pertenece por igual a toda cosa viviente junto contigo. Dios no pone límites. Y lo que tiene límites no puede ser el Cielo. Por lo tanto, tiene que ser el infierno.
  • La injusticia y el ataque son el mismo error, y están tan estre­chamente vinculados que donde uno se percibe el otro se ve tam­bién. Tú no puedes ser tratado injustamente. La creencia de que puedes serlo es sólo otra forma de la idea de que es otro, y no tú, quien te está privando de algo. La proyección de la causa del sacrificio es la raíz de todo lo que percibes como injusto y no como tu justo merecido. Sin embargo, eres tú quien se exige esto a sí mismo, cometiendo así una profunda injusticia contra el Hijo de Dios. Tú eres tu único enemigo, y eres en verdad enemigo del Hijo de Dios porque no reconoces que él es lo que tú eres. ¿Qué podría ser más injusto que privarlo de lo que él es, negarle el derecho a ser él mismo y pedirle que sacrifique el Amor de su Padre y el tuyo por ser algo que no le corresponde?
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jueves, 30 de agosto de 2012

Lección (208) - Pues Ellos han llegado


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (30/08/2012)

Lección (208) - Pues Ellos han llegado


  • ¡Cuán santo debes ser tú, que desde ti la Voz de Dios llama amorosamente a tu hermano para que puedas despertar en él la Voz que contesta tu llamada¡ ¡Y cuán santo debe ser tu hermano cuando en él reside tu propia salvación, junto con su libertad¡ Por mucho que lo quieras condenar, Dios mora en él. Pero mientras ataques Su hogar elegido y luches con Su huésped, no podrás saber que Dios mora igualmente en ti. Mira a tu hermano con dulzura. Contempla amorosamente a aquel que lleva a Cristo dentro de sí, para que puedas ver su gloria y regocijarte de que el Cielo no esté separado de ti.
  • ¿Sería mucho pedir que tuvieses un poco de confianza en aquel que te trae a Cristo para que todos tus pecados te sean perdona­dos, sin excluir ni uno solo que todavía quisieras valorar? No olvides que una sola sombra que se interponga entre tu hermano y tú nubla la faz de Cristo y el recuerdo de Dios. ¿E intercambia­rías éstos por un odio inmemorial? El suelo que pisas es tierra santa por razón de Aquellos que, al estar ahí contigo, la han ben­decido con Su inocencia y con Su paz.
  • La sangre del odio desaparece permitiendo así que la hierba vuelva a crecer con fresco verdor, y que la blancura de todas las flores resplandezca bajo el cálido sol de verano. Lo que antes era un lugar de muerte ha pasado a ser ahora un templo viviente en un mundo de luz. Y todo por Ellos. Es Su Presencia la que ha elevado nuevamente a la santidad para que ocupe su lugar ances­tral en un trono ancestral. Y debido a Ellos los milagros han bro­tado en forma de hierba y flores sobre el terreno yermo que el odio había calcinado y dejado estéril. Lo que el odio engendró Ellos lo han des-hecho. Y ahora te encuentras en tierra tan santa que el Cielo se inclina para unirse a ella y hacerla semejante a él. La sombra de un viejo odio ya no existe, y toda desolación y aridez ha desaparecido para siempre de la tierra a la que Ellos han venido.
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miércoles, 29 de agosto de 2012

Lección (207) - La inminencia de la salvación


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (29/08/2012)

Lección (207) - La inminencia de la salvación


  • El único problema pendiente es que todavía ves un intervalo entre el momento en que perdonas y el momento en que recibes los beneficios que se derivan de confiar en tu hermano. Esto tan sólo refleja la pequeña distancia que aún deseas interponer entre vosotros para que os mantenga un poco separados. Pues el tiempo y el espacio son la misma ilusión, pero se manifiestan de forma diferente. Si se ha proyectado más allá de tu mente, pien­sas que es el tiempo. Cuanto más cerca se trae a tu mente, más crees que es el espacio.
  • Quieres conservar cierta distancia entre vosotros para que os mantenga separados, y percibes ese espacio como el tiempo por­que aún crees que eres algo externo a tu hermano. Eso hace que la confianza sea imposible. Y no puedes creer que la confianza podría resolver cualquier problema ahora mismo. Crees, por lo tanto, que es más seguro seguir siendo un poco cauteloso y conti­nuar vigilando lo que percibes como tus intereses separados. Desde esta perspectiva te es imposible concebir que puedas obte­ner lo que el perdón te ofrece ahora mismo. En el intervalo que crees que existe entre dar el regalo y recibirlo parece que tienes que sacrificar algo y perder por ello. Ves la salvación como algo que tendrá lugar en el futuro, pero no ves resultados inmediatos.
  • Sin embargo, la salvación es inmediata. A no ser que la perci­bas así, tendrás miedo de ella, creyendo que, entre el momento en que aceptas su propósito como el tuyo propio y el momento en que sus efectos llegan hasta ti, el riesgo de pérdida es inmenso. De esta manera, el error que da lugar al miedo sigue oculto. La salvación eliminaría la brecha que todavía percibes entre vosotros y permitiría que os convirtieseis en uno instantáneamente. Y es ésto lo que crees que supondría una pérdida. No proyectes este temor en el tiempo, pues el tiempo no es el enemigo que tú perci­bes. El tiempo es tan neutral como el cuerpo, salvo en lo que respecta al propósito que le asignas. Mientras todavía quieras conservar un pequeño espacio entre vosotros, querrás tener un poco más de tiempo en el que aún puedas negar el perdón. Y esto no podrá sino hacer que el intervalo que transcurre entre el momento en que niegas el perdón y el momento en que lo otor­gas parezca peligroso, y el terror, justificado.
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martes, 28 de agosto de 2012

Lección (206) - Las leyes de la curación


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (28/08/2012)

Lección (206) - Las leyes de la curación


  • éste es un curso de milagros. Como tal, las leyes de la cura­ción deben entenderse antes de que se pueda alcanzar el propó­sito del curso. Repasemos los principios que hemos estudiado, y organicémoslos a modo de resumen de lo que debe ocurrir para que sea posible la curación. Pues una vez que es posible no puede sino tener lugar.
  • Toda enfermedad tiene su origen en la separación. Cuando se niega la separación, la enfermedad desaparece. Pues desaparece tan pronto como la idea que la produjo es sanada y reemplazada por la cordura. Al pecado y a la enfermedad se les considera causa y consecuencia respectivamente, en una relación que se mantiene oculta de la conciencia a fin de mantenerla excluida de la luz de la razón.
  • La culpabilidad clama por castigo, y se le concede su petición. No en la realidad, sino en el mundo de ilusiones y sombras que se erige sobre el pecado. El Hijo de Dios percibió lo que quería ver porque la percepción es un deseo colmado. La percepción cambia, pues fue concebida para sustituir el conocimiento inmu­table. Mas la verdad no ha cambiado. La verdad no se puede percibir, sino sólo conocerse. Lo percibido adopta muchas for­mas, pero ninguna de ellas significa nada. Si se lleva ante la ver­dad, su falta de sentido resulta muy evidente. Pero si se mantiene oculto de la verdad, parece tener sentido y ser real.
  • Las leyes de la percepción son lo opuesto a la verdad, y lo que es cierto con respecto al conocimiento no lo es con respecto a nada que se encuentre aparte de él. Aun así, Dios ha dado Su respuesta al mundo de la enfermedad, la cual es aplicable por igual a cualquier clase de enfermedad. Aunque la respuesta de Dios es eterna, opera en el tiempo, pues ahí es donde se necesita. Pero como procede de Dios, las leyes del tiempo no afectan su eficacia. La respuesta de Dios se encuentra en este mundo, pero no forma parte de él. Es real, y mora donde la realidad no puede sino estar. Las ideas no abandonan su fuente, y sus efectos sólo dan la impresión de estar separados de ellas. Las ideas pertene­cen al ámbito de la mente. Lo que se proyecta y parece ser externo a la mente, no se encuentra afuera en absoluto, sino que es un efecto de lo que está adentro y no ha abandonado su fuente.
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lunes, 27 de agosto de 2012

Lección (205) - El Amigo que Dios te dio


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (27/08/2012)

Lección (205) - El Amigo que Dios te dio


  • Cualquier cosa en este mundo que creas que es buena o valiosa, o que vale la pena luchar por ella, te puede hacer daño y lo hará. No porque tenga el poder de hacerlo, sino únicamente porque has negado que no es más que una ilusión, y le has otor­gado realidad. Y así, es real para ti y no algo que no es nada. Y al percibirse como real se le abrieron las puertas al mundo de las ilusiones enfermizas. Toda creencia en el pecado, en el poder del ataque, en herir y hacer daño, en el sacrificio y en la muerte, ha llegado a ti de esa manera. Pues nadie puede otorgarle realidad a una sola ilusión y escaparse del resto. Pues ¿quién podría ele­gir quedarse sólo con aquellas ilusiones que prefiere y, al mismo tiempo, encontrar la seguridad que sólo la verdad puede confe­rir? ¿Quién podría creer que todas las ilusiones son iguales y, al mismo tiempo, mantener que una de ellas es mejor que las demás?
  • No vivas tu mísera vida en soledad, con una ilusión como tu único amigo. ésa no es una amistad digna del Hijo de Dios ni una que pueda satisfacerle. Dios le ha dado, por lo tanto, un Amigo mejor, Uno en Quien reside todo el poder de la tierra y del Cielo. Esa ilusión que tú consideras tu amigo te oculta la gracia y majestad de Aquél, e impide que le des la bienvenida con los brazos abiertos a Su amistad y a Su perdón. Aparte de él no tienes amigos. No busques otro amigo para que ocupe Su lugar. No hay ningún otro. Lo que Dios dispuso no tiene substi­tuto, pues, ¿qué ilusión podría reemplazar a la verdad?
  • El que mora con sombras está ciertamente solo, y la soledad no es la Voluntad de Dios. ¿Permitirías que una sombra usurpase el trono que Dios dispuso fuese para tu Amigo, si te dieses cuenta de que si ese trono está vacío el tuyo estaría vacío y desocupado? No hagas de una ilusión tu amigo, pues si lo haces, ocupará el lugar de Aquel que Dios te dio para que fuese tu Amigo. Y él es el único Amigo que en realidad tienes. él te trae regalos que no son de este mundo, y sólo Aquel a Quien se le confiaron puede asegu­rarse de que tú los recibas. él los depositará ante tu trono, cuando hagas sitio para él en el Suyo.


Fuente: UN CURSO DE MILAGROS 1 (TEXTO) - Fundación para la Paz Interior

Este libro fue digitalizado para distribución libre y gratuita a través de la red utilizando el software (O.C.R.) "OmniPage Pro Versión 11" (POR LO QUE PUEDE HABER PALABRAS QUE NO EXISTAN, O NO CONCUERDEN CON EL CONTENIDO, COMO TAMBIÉN PUEDE HABER ERRORES DE ORTOGRAFÍA) y un scanner "Acer S2W".

Digitalización, Revisión y Edición Electrónica de Hernán (Persona no relacionada con los autores de "tzolkindiario.blogspot.com").

Rosario - Argentina

19 de Enero 2002

domingo, 26 de agosto de 2012

Lección (204) - El pequeño obstáculo


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (26/08/2012)

Lección (204) - El pequeño obstáculo


  • Un pequeño obstáculo les puede parecer muy grande a los que aún no comprenden que los milagros son todos el mismo mila­gro. Mas enseñar esto es la finalidad de este curso. ése es su único propósito, pues es lo único que hay que aprender. Y lo puedes aprender de muchas maneras. Todo aprendizaje o bien es una ayuda para llegar a las puertas del Cielo o bien un obstá­culo. No hay nada entremedias. Hay solamente dos maestros, y cada uno de ellos señala caminos diferentes. Y tú seguirás el camino que te señale el maestro que hayas elegido. Sólo hay dos direcciones que puedes seguir, mientras perdure el tiempo y ele­gir tenga sentido. Pues jamás se podrá construir otro camino, salvo el que conduce al Cielo. Tú sólo eliges entre ir al Cielo o no ir a ninguna parte. No hay más alternativas que éstas.
  • Lo único que se puede perder es el tiempo, el cual, en última instancia, no tiene ningún sentido. Pues sólo supone un pequeño obstáculo para la eternidad y no significa nada para el verdadero Maestro del mundo. Sin embargo, dado que tú crees en el tiempo, ¿por qué desperdiciarlo no yendo a ninguna parte, cuando lo puedes utilizar para alcanzar la meta más elevada que se puede lograr mediante el aprendizaje? No pienses que el camino que te conduce a las puertas del Cielo es difícil. Nada que emprendas con un propósito firme, con absoluta determinación y lleno de una feliz confianza, llevando a tu hermano de la mano y en armonía con el himno del Cielo, es difícil de lograr. Lo que en verdad es difícil es vagar, solo y afligido, por un camino que no conduce a ninguna parte ni tiene ningún propósito.
  • Dios te dio Su Maestro para que reemplazase al que tú inven­taste, no para que estuviese en conflicto con él. Y lo que él ha dispuesto reemplazar ya ha sido reemplazado. El tiempo tan solo duró un instante en tu mente, y no afectó a la eternidad en absoluto. Y así es con todo el tiempo que ha pasado; y todo per­manece exactamente como era antes de que se construyese el camino que no lleva a ninguna parte. El brevísimo lapso de tiempo en el que se cometió el primer error -en el que todos los demás errores están contenidos- encerraba también la Correc­ción de ese primer error y de todos los demás que partieron de él. Y en ese breve instante el tiempo desapareció, pues eso es lo que jamás fue. Aquello a lo que Dios dio respuesta ha sido resuelto y ha desaparecido.
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sábado, 25 de agosto de 2012

Lección (203) - El lugar que el pecado dejó vacante


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (25/08/2012)

Lección (203) - El lugar que el pecado dejó vacante


  • En este mundo el perdón es el equivalente de lo que en el Cielo es la justicia. El perdón transforma el mundo del pecado en un mundo simple, en el que se puede ver el reflejo de la justicia que emana desde más allá de la puerta tras la cual reside lo que carece de todo límite. No hay nada en el amor ilimitado que pudiese necesitar perdón. Y lo que en el mundo es caridad, más allá de la puerta del Cielo pasa a ser simple justicia. Nadie perdona a menos que haya creído en el pecado y aún crea que hay mucho por lo que él mismo necesita ser perdonado. El perdón se vuelve de esta manera el medio por el que aprende que no ha hecho nada que necesite perdón. El perdón siempre descansa en el que lo concede, hasta que reconoce que ya no lo necesita más. De este modo, se le reinstaura a su verdadera función de crear, que su perdón le ofrece nuevamente.
  • El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de glo­ria, maravilloso de ver. Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo. No hay tris­teza ni divisiones, pues todo se ha perdonado completamente. Y los que han sido perdonados no pueden sino unirse, pues nada se interpone entre ellos para mantenerlos separados y aparte. Los que son incapaces de pecar no pueden sino percibir su unidad, pues no hay nada que se interponga entre ellos para alejar a unos de otros. Se funden en el espacio que el pecado dejó vacante, en jubiloso reconocimiento de que lo que es parte de ellos no se ha mantenido aparte y separado.
  • El santo lugar en el que te encuentras no es más que el espacio que el pecado dejó vacante. En su lugar ves alzarse ahora la faz de Cristo. ¿Quién podría contemplar la faz de Cristo y no recor­dar a Su Padre tal como éste realmente es? ¿Y quién que temiese al amor, podría pisar la tierra en la que el pecado ha dejado un sitio para que se erija un altar al Cielo que se eleve muy por encima del mundo hasta llegar más allá del universo y tocar el Corazón de toda la creación? ¿Qué es el Cielo, sino un himno de gratitud, de amor y de alabanza que todo lo creado le canta a la Fuente de su creación? El más santo de los altares se erige donde una vez se creyó reinaba el pecado. Y a él vienen todas las luces del Cielo, para ser reavivadas y para incrementar su gozo. Pues en este altar se les restituye lo que habían perdido y recobran todo su fulgor.
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viernes, 24 de agosto de 2012

Lección (202) - La zona fronteriza


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (24/08/2012)

Lección (202) - La zona fronteriza


  • La complejidad no forma parte de Dios. ¿Cómo podría formar parte de él cuando él sólo conoce lo que es uno? él solamente conoce una sola creación, una sola realidad, una sola verdad y un solo Hijo. Nada puede estar en conflicto con lo que es uno solo. ¿Cómo iba a poder haber entonces complejidad en él? ¿Entre qué habría que decidir? Pues el conflicto es lo que da lugar a las alternativas. La verdad es simple: es una sola y no tiene opuestos. ¿Y cómo iba a poder presentarse la discordia ante su simple pre­sencia y dar lugar a la complejidad allí donde únicamente existe la unicidad? La verdad no elige, pues no existen alternativas entre las que elegir. Y sólo si las hubiera, podría ser la elección un paso necesario en el avance hacia la unicidad. En lo que es todo no hay cabida para nada más. Sin embargo, esta inmensidad se encuentra más allá del alcance de este plan de estudios. No es necesario, pues, que nos detengamos en algo que no puede ser captado de inmediato.
  • Existe una zona fronteriza en el pensamiento que se encuentra entre este mundo y el Cielo. No es un lugar, y cuando llegas a ella, te das cuenta de que está fuera de los confines del tiempo. Ahí es adonde se llevan todos los pensamientos, donde se recon­cilian los valores conflictivos y donde todas las ilusiones se depo­sitan ante la verdad y se juzgan como falsas. Esta zona fronteriza está justo más allá de las puertas del Cielo. Ahí todo pensa­miento se vuelve puro y totalmente simple. Ahí se niega el pecado y en su lugar se recibe todo lo que simplemente es.
  • éste es el final de la jornada. Nos hemos referido a ese lugar como el mundo real. Sin embargo, hay una contradicción en esto, en el sentido de que las palabras implican la idea de una realidad limitada, una verdad parcial, un segmento del universo hecho realidad. Esto se debe a que el conocimiento no ataca a la percepción. Ambos se llevan sencillamente el uno ante el otro, y sólo uno de ellos continúa más allá de la puerta donde se encuen­tra la Unicidad. La salvación es una zona fronteriza donde los conceptos de lugar y tiempo, así como el de elegir tienen aún significado, si bien se puede ver que son temporales, que están fuera de lugar y que toda elección ya se ha llevado a cabo.
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jueves, 23 de agosto de 2012

Lección (201) - Muchas clases de error, una sola corrección


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (23/08/2012)

Lección (201) - Muchas clases de error, una sola corrección


  • Es fácil entender las razones por las que no le pides al Espíritu Santo que resuelva todos tus problemas por ti. Para él no es más difícil resolver unos que otros. Todos los problemas son iguales para él, puesto que cada uno se resuelve de la misma manera y con el mismo enfoque. Los aspectos que necesitan solución no cambian, sea cual sea la forma que el problema parezca adoptar. Un problema puede manifestarse de muchas maneras, y lo hará mientras el problema persista. De nada sirve intentar resolverlo de una manera especial. Se presentará una y otra vez hasta que haya sido resuelto definitivamente y ya no vuelva a surgir en ninguna forma. Sólo entonces te habrás liberado de él.
  • El Espíritu Santo te ofrece la liberación de todos los problemas que crees tener. Para él, todos ellos son el mismo problema por­que cada uno, independientemente de la forma en que parezca manifestarse, exige que alguien pierda y sacrifique algo para que tú puedas ganar. Mas sólo cuando la situación se resuelve de tal manera que nadie pierde desaparece el problema, pues no era más que un error de percepción que ahora ha sido corregido. Para él no es más difícil llevar un error ante la verdad que otro. Pues sólo hay un error: la idea de que es posible perder y de que alguien puede ganar como resultado de ello. Si eso fuese cierto, entonces Dios sería injusto, el pecado posible, el ataque estaría justificado y la venganza sería merecida.
  • Para este único error, en cualquiera de sus formas, sólo hay una corrección. Es imposible perder, y creer lo contrario es un error. Tú no tienes problemas, aunque pienses que los tienes. No podrías pensar que los tienes si los vieses desaparecer uno por uno, independientemente de la magnitud, de la complejidad, del lugar, del tiempo, o de cualquier otro atributo que percibas que haga que cada uno de ellos parezca diferente del resto. No pienses que las limitaciones que impones sobre todo lo que ves pueden limitar a Dios en modo alguno.
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miércoles, 22 de agosto de 2012

Lección (200) - El "sacrificio" de la unicidad


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (22/08/2012)

Lección (200) - El "sacrificio" de la unicidad


  • El sacrificio es una idea clave en la "dinámica" del ataque. Es el eje sobre el que toda transigencia, todo desesperado intento de cerrar un trato y todo conflicto alcanza un aparente equilibrio. Es el símbolo del tema central según el cual alguien siempre tiene que perder. El hincapié que hace en el cuerpo es evidente, pues el sacrificio es siempre un intento de minimizar la pérdida. El cuerpo en sí es un sacrificio, una renuncia al poder a cambio de quedarte con una pequeña porción de él para ti solo. Ver a un hermano en otro cuerpo, separado del tuyo, es la expresión del deseo de ver únicamente una pequeña parte de él y de sacrificar el resto. Contempla el mundo y verás que nada está unido a nada más allá de sí mismo. Todas las aparentes entidades pue­den acercarse o alejarse un poco, pero no pueden unirse.
  • El mundo que ves está basado en el "sacrificio" de la unicidad. Es la imagen de una total desunión y de una absoluta falta de unidad. Alrededor de cada entidad se erige una muralla tan só­lida en apariencia, que parece como si lo que se encuentra adentro jamás pudiese salir afuera, y lo que se encuentra afuera jamás pudiese llegar hasta lo que se encuentra oculto allí. Cada parte tiene que sacrificar a otra para conservar su propia integridad. Pues si se uniesen, cada una perdería su identidad individual, y es mediante esa separación como conservan su individualidad.
  • Lo poco que el cuerpo mantiene cercado se convierte en el yo, el cual se conserva mediante el sacrificio de todo lo demás. Y todo lo demás no puede sino perder esta pequeña parte y perma­necer incompleto a fin de mantener intacta su propia identidad. En esta percepción de ti mismo la pérdida del cuerpo sería cier­tamente un sacrificio. Pues ver cuerpos se convierte en la señal de que el sacrificio es limitado y de que aún queda algo que es exclusivamente para ti. Y para que esa ínfima parte te perte­nezca, se demarcan límites en todo lo que es externo a ti, así como en lo que crees que es tuyo. Pues dar es lo mismo que recibir. Y aceptar las limitaciones de un cuerpo es imponer esas mismas limitaciones a cada hermano que ves. Pues sólo puedes ver a tu hermano como te ves a ti mismo.
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martes, 21 de agosto de 2012

Lección (199) - La justicia del Cielo


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (21/08/2012)

Lección (199) - La justicia del Cielo


  • ¿Qué otra cosa sino la arrogancia podría pensar que la justicia del Cielo no puede eliminar tus insignificantes errores? ¿Y qué podría significar eso, sino que son pecados y no errores, eterna­mente incorregibles y a los que hay que corresponder con ven­ganza y no con justicia? ¿Estás dispuesto a que se te libere de todas las consecuencias del pecado? No puedes contestar esta pregunta hasta que entiendas todo lo que implica la respuesta. Pues si contestas "sí" significa que renuncias a todos los valores de este mundo en favor de la paz del Cielo. Significa también que no vas a conservar ni un solo pecado ni a abrigar ninguna duda de que esto es posible que le permitiese al pecado conser­var su lugar. Significa asimismo que ahora la verdad tiene más valor para ti que todas las ilusiones. Y reconoces que la verdad tiene que serte revelada, ya que no sabes lo que es.
  • Dar a regañadientes es no recibir el regalo, pues no estás dis­puesto a aceptarlo. Se te guarda hasta que tu renuencia a recibirlo desaparezca y estés dispuesto a que te sea dado. La justicia de Dios merece gratitud, no temor. Ni tú ni nadie puede perder nada que deis, sino que todo ello se atesora y se guarda en el Cielo, donde todos los tesoros que le han sido dados al Hijo de Dios se conservan para él y se le ofrecen a todo aquel que simplemente extiende la mano dispuesto a recibirlos. El tesoro no merma al ser dado. Cada regalo no hace sino aumentar el caudal de su riqueza, pues Dios es justo. él no lucha contra la renuencia de Su Hijo a percibir la salvación como un regalo procedente de él. Mas Su justicia no quedará satisfecha hasta que todos la reciban.
  • Puedes estar seguro de que la solución a cualquier problema que el Espíritu Santo resuelva será siempre una solución en la que nadie pierde. Y esto tiene que ser verdad porque él no le exige sacrificios a nadie. Cualquier solución que le exija a alguien la más mínima pérdida, no habrá resuelto el problema, sino que lo habrá empeorado, haciéndolo más difícil de resolver y más injusto. Es imposible que el Espíritu Santo pueda ver cual­quier clase de injusticia como la solución. Para él, lo que es injusto tiene que ser corregido porque es injusto. Y todo error es una percepción en la que, como mínimo, se ve a uno de los Hijos de Dios injustamente. De esta forma es como se priva de justicia al Hijo de Dios. Cuando se considera a alguien un perdedor, se le ha condenado. Y el castigo, en vez de la justicia, se convierte en su justo merecido.
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lunes, 20 de agosto de 2012

Lección (198) - La restitución de la justicia al amor


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (20/08/2012)

Lección (198) - La restitución de la justicia al amor


  • El Espíritu Santo puede usar todo lo que le ofreces para tu salvación. Pero no puede usar lo que te niegas a darle, ya que no puede quitártelo sin tu consentimiento. Pues si lo hiciera, cree­rías que te lo arrebató en contra de tu voluntad. Y así, no apren­derías que tu voluntad es no tenerlo. él no necesita que estés completamente dispuesto a entregárselo, pues si ese fuese el caso, no tendrías ninguna necesidad de él. Pero sí necesita que prefieras que él lo tome a que tú te lo quedes sólo para ti, y que reconozcas que no sabes qué es lo que no supone una pérdida para nadie. Eso es lo único que se tiene que añadir a la idea de que nadie tiene que perder para que tú ganes. Nada más.
  • He aquí el único principio que la salvación requiere. No es necesario que tu fe en él sea firme e inquebrantable ni que esté libre del ataque de todas las creencias que se oponen a él. No tienes una lealtad fija. Pero recuerda que los que ya se han sal­vado no tienen necesidad de salvación. No se te pide que hagas lo que le resultaría imposible a alguien que todavía está dividido contra sí mismo. No esperes poder encontrar sabiduría en seme­jante estado mental. Pero siéntete agradecido de que lo único que se te pide es que tengas un poco de fe. ¿Qué les puede que­dar a los que todavía creen en el pecado, sino un poco de fe? ¿Qué podrían saber del Cielo y de la justicia de los que se han salvado?
  • Existe una clase de justicia en la salvación de la que el mundo no sabe nada. Para el mundo, la justicia y la venganza son lo mismo, pues los pecadores ven la justicia únicamente como el cas­tigo que merecen, por el que tal vez otro debe pagar, pero del que no es posible escapar. Las leyes del pecado exigen una víctima. Quién ha de ser esa víctima es irrelevante. Pero el costo no puede ser otro que la muerte, y tiene que pagarse. Esto no es justicia, sino demencia. Sin embargo, allí donde el amor significa odio, y la muerte se ve como la victoria y el triunfo sobre la eterni­dad, la intemporalidad y la vida, ¿cómo se podría definir la justi­cia sin que la demencia formase parte de ella?
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domingo, 19 de agosto de 2012

Lección (197) - La roca de la salvación


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (19/08/2012)

Lección (197) - La roca de la salvación


  • No obstante, si el Espíritu Santo puede convertir cada senten­cia que te impusiste a ti mismo en una bendición, entonces no pudo haber sido un pecado. El pecado es lo único en todo el mundo que no puede cambiar. Es inmutable. Y de su inmutabi­lidad depende el mundo. La magia del mundo parece ocultar de los pecadores el dolor del pecado, y engañar con falsos destellos y con ardides. Mas todo el mundo sabe que el costo del pecado es la muerte. Y ciertamente lo es. Pues el pecado es una petición de muerte, un deseo de hacer que los cimientos de este mundo sean tan firmes como el amor, tan dignos de confianza como el Cielo y tan fuertes como Dios Mismo. Todo aquel que cree que es posible pecar mantiene al mundo excluido del amor. Y esto no cambiará. Sin embargo, ¿sería posible que lo que Dios no creó compartiese los atributos de Su creación, cuando se opone a ella desde cualquier punto de vista?
  • Es imposible que el deseo de morir del "pecador" sea tan fuerte como la Voluntad de Dios por la vida. Tampoco es posible que los cimientos de un mundo que él no creó fuesen tan firmes y seguros como el Cielo. ¿Cómo iba ser posible que el Cielo y el infierno fuesen lo mismo? ¿Y cómo podría ser que lo que Su Voluntad no dispuso no se pudiese cambiar? ¿Qué otra cosa aparte de Su Voluntad es inmutable? ¿Y qué puede compartir sus atributos, excepto ella misma? ¿Qué deseo puede alzarse contra Su Voluntad, y ser inmutable? Si pudieses darte cuenta de que lo único que es inmutable es la Voluntad de Dios, este curso no te resultaría difícil. No obstante, eso es precisamente lo que no crees. Sin embargo, no podrías creer nada más, sólo con que vieses lo que realmente es.
  • Volvamos a lo que anteriormente dijimos, y pensemos en ello más detenidamente. Debe ser, o bien que Dios está loco, o bien que este mundo es un manicomio. Ni uno solo de los Pensamien­tos de Dios tiene sentido en este mundo. Y nada de lo que el mundo acepta como cierto tiene sentido alguno en Su Mente. Lo que no tiene sentido ni significado es demente. Y lo que es demente no puede ser la verdad. Si una sola de las creencias que en tanta estima se tienen aquí fuese cierta, entonces todo Pensa­miento que Dios jamás haya tenido sería una ilusión. Pero si uno solo de Sus Pensamientos es cierto, entonces todas las creencias a las que el mundo otorga significado son falsas y absurdas. ésta es la decisión que tienes ante ti. No trates de verla de otra manera ni de hacer de ella lo que no es. Pues lo único que puedes hacer es tomar esta decisión. El resto depende de Dios, no de ti.
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sábado, 18 de agosto de 2012

Lección (196) - Tu función especial


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (18/08/2012)

Lección (196) - Tu función especial


  • La gracia de Dios descansa dulcemente sobre los ojos que per­donan, y todo lo que éstos contemplan le habla de Dios al especta­dor. él no ve maldad, ni nada que temer en el mundo o nadie que sea diferente de él. Y de la misma manera en que ama a otros con amor y con dulzura, así se contempla a sí mismo. él no se condenaría a sí mismo por sus propios errores tal como tam­poco condenaría a otro. No es un árbitro de venganzas ni un castigador de pecadores. La dulzura de su mirada descansa sobre sí mismo con toda la ternura que les ofrece a los demás. Pues sólo quiere curar y bendecir. Y puesto que actúa en armo­nía con la Voluntad de Dios, tiene el poder de curar y bendecir a todos los que contempla con la gracia de Dios en su mirada.
  • Los ojos se acostumbran a la oscuridad, y la luz de un día soleado les resulta dolorosa a los ojos aclimatados desde hace mucho a la tenue penumbra que se percibe durante el crepús­culo. Dichos ojos esquivan la luz del sol y la claridad que ésta le brinda a todo lo que contemplan. La penumbra parece mejor: más fácil de ver y de reconocer. De alguna manera lo vago y lo sombrío parece ser más fácil de contemplar y menos doloroso para los ojos que lo que es completamente claro e inequívoco. éste, no obstante, no es el propósito de los ojos, y ¿quién puede decir que prefiere la oscuridad y al mismo tiempo afirmar que desea ver?
  • Tu deseo de ver hace que la gracia de Dios descienda sobre tus ojos, trayendo consigo el regalo de luz que hace que la visión sea posible. ¿Quieres realmente contemplar a tu hermano? A Dios le complacería que lo hicieses. No es Su Voluntad que no reco­nozcas a tu salvador. Tampoco es Su Voluntad que tu salvador no desempeñe la función que él le encomendó. No dejes que se siga sintiendo solo por más tiempo, pues los que se sienten solos son aquellos que no ven ninguna función en el mundo que ellos puedan desempeñar, ningún lugar en el que se les necesite, ni ningún objetivo que sólo ellos puedan alcanzar perfectamente.
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viernes, 17 de agosto de 2012

Lección (195) - El estado de impecabilidad


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (17/08/2012)

Lección (195) - El estado de impecabilidad


  • El estado de impecabilidad es simplemente esto: todo deseo de atacar ha desaparecido, de modo que no hay razón para percibir al Hijo de Dios de ninguna otra forma excepto como es. La nece­sidad de que haya culpabilidad ha desaparecido porque ya no tiene propósito, y sin el objetivo de pecado no tiene sentido. El ataque y el pecado son una misma ilusión, pues cada uno es la causa, el objetivo y la justificación del otro. Por su cuenta nin­guno de los dos tiene sentido, si bien parece derivar sentido del otro. Cada uno depende del otro para conferirle el significado que parece tener. Y nadie podría creer en uno de ellos a menos que el otro fuese verdad, pues cada uno de ellos da fe de que el otro tiene que ser cierto.
  • El ataque convierte a Cristo en tu enemigo y a Dios junto con él. ¿Cómo no ibas a estar atemorizado con semejantes "enemi­gos"? ¿Y cómo no ibas a tener miedo de ti mismo? Pues te has hecho daño, y has hecho de tu Ser tu "enemigo". Y ahora no puedes sino creer que tú no eres tú, sino algo ajeno a ti mismo, "algo distinto", "algo" que hay que temer en vez de amar. ¿Quién atacaría lo que percibe como completamente inocente? ¿Y quién que desease atacar, podría dejar de sentirse culpable por abrigar ese deseo, aunque anhelase la inocencia? Pues, ¿quién podría considerar al Hijo de Dios inocente y al mismo tiempo desear su muerte? Cada vez que contemplas a tu hermano, Cristo se halla ante ti. él no se ha marchado porque tus ojos estén cerrados. Mas ¿qué podrías ver si buscas a tu Salvador y lo contemplas con ojos que no ven?
  • No es a Cristo a quien contemplas cuando miras de esa manera. A quien ves es al "enemigo", a quien confundes con Cristo. Y lo odias porque no puedes ver en él pecado alguno. Tampoco oyes su llamada suplicante, cuyo contenido no cambia sea cual sea la forma en que la llamada se haga, rogándote que te unas a él en inocencia y en paz. Sin embargo, tras los insensatos alaridos del ego, tal es la llamada que Dios le ha encomendado que te haga, a fin de que puedas oír en él Su Llamada a ti, y la contestes devol­viéndole a Dios lo que es Suyo.
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jueves, 16 de agosto de 2012

Lección (194) - La luz que traes contigo


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (16/08/2012)

Lección (194) - La luz que traes contigo


  • Las mentes que están unidas, y que reconocen que lo están, no pueden sentir culpabilidad. Pues no pueden atacar, y se regoci­jan de que así sea, al ver que su seguridad reside en ese hecho feliz. Su alegría radica en la inocencia que ven. Y por eso la buscan, puesto que su propósito es contemplarla y regocijarse. Todo el mundo anda en pos de lo que le proporcionaría alegría, según cada uno la define. No es el objetivo en sí lo que varía. Sin embargo, la manera en que se ve el objetivo es lo que deter­mina la elección de los medios, y lo que hace que éstos no pue­dan cambiar a no ser que se cambie el objetivo. Si éste cambia, se escogen otros medios, ya que lo que ha de proporcionar felicidad se define de otra manera y se busca de forma distinta.
  • Podría afirmarse, por lo tanto, que la ley básica de la percep­ción es: "Te regocijarás con lo que veas, pues lo ves para regoci­jarte". Y mientras creas que el sufrimiento y el pecado te pueden proporcionar alegría, seguirán estando ahí para que los veas. Nada es de por sí perjudicial o beneficioso a menos que así lo desees. Tu deseo es lo que determina los efectos que ha de tener en ti porque lo elegiste como un medio para obtener esos efectos, creyendo que eran los portadores del regocijo y de la felicidad. Esta ley rige incluso en el Cielo. El Hijo de Dios crea para ser feliz, puesto que comparte con su Padre el propósito que éste tuvo al crearlo a fin de que su alegría fuese cada vez mayor y la de Dios junto con la suya.
  • Tú que eres el hacedor de un mundo que no es cierto, descansa y halla solaz en otro mundo donde mora la paz. ése es el mundo que le llevas a todos los ojos fatigados y a todos los corazones desfallecidos que contemplan el pecado y entonan su triste estri­billo. De ti puede proceder su descanso. De ti puede surgir un mundo cuya contemplación los hará felices y donde sus corazo­nes estarán rebosantes de dicha. De ti procede una visión que se extiende hasta todos ellos, y los envuelve con dulzura y luz. Y en este creciente mundo de luz, las tinieblas que ellos pensaban que estaban ahí se desplazan hasta convertirse en sombras lejanas y distantes, que no se recordarán por mucho tiempo una vez que el sol las haya desvanecido. Y todos sus pensamientos "malvados" y todas sus esperanzas "pecaminosas", sus sueños de culpabili­dad y venganza despiadada, y todo deseo de herir, matar y morir, desaparecerán ante el sol que tú traes contigo.
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miércoles, 15 de agosto de 2012

Lección (193) - Percepción y elección


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (15/08/2012)

Lección (193) - Percepción y elección


  • En la medida en que atribuyas valor a la culpabilidad, en esa misma medida percibirás un mundo en el que el ataque está justi­ficado. En la medida en que reconozcas que la culpabilidad no tiene sentido, en esa misma medida percibirás que el ataque no puede estar justificado. Esto concuerda con la ley fundamental de la percepción: ves lo que crees que está ahí, y crees que está ahí porque quieres que lo esté. La percepción no está regida por ninguna otra ley que ésa. Todo lo demás se deriva de ella, para sustentarla y darle apoyo. ésta es la forma que, ajustada a este mundo, adopta la percepción de la ley más básica de Dios: que el amor crea amor y nada más que amor.
  • Las leyes de Dios no pueden gobernar directamente en un mundo regido por la percepción, pues un mundo así no pudo haber sido creado por la Mente para la cual la percepción no tiene sentido. Sus leyes, no obstante, se ven reflejadas por todas partes. No es que el mundo donde se ven reflejadas sea real en absoluto. Es real sólo porque Su Hijo cree que lo es, y Dios no pudo permitirse a Sí Mismo separarse completamente de lo que Su Hijo cree. él no pudo unirse a la demencia de Su Hijo, pero sí pudo asegurarse de que Su cordura lo acompañase siempre, para que no se pudiese perder eternamente en la locura de su deseo.
  • La percepción se basa en elegir, pero el conocimiento no. El conocimiento está regido por una sola ley porque sólo tiene un Creador. Pero este mundo fue construido por dos hacedores que no lo ven de la misma manera. Para cada uno de ellos el mundo tiene un propósito diferente, y es el medio perfecto para apoyar el objetivo para el que se percibe. Para aquel que desea ser espe­cial, es el marco perfecto en el que manifestar su deseo: el campo de batalla perfecto para librar sus guerras y el refugio perfecto para las ilusiones que quiere hacer reales. No hay ninguna ilu­sión que en su percepción no sea válida ni ninguna que no esté plenamente justificada.
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martes, 14 de agosto de 2012

Lección (192) - El que te salva de las tinieblas


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (14/08/2012)

Lección (192) - El que te salva de las tinieblas


  • ¿No es evidente que lo que perciben los ojos del cuerpo te infunde miedo? Tal vez pienses que aún puedes encontrar en ello alguna esperanza de satisfacción. Tal vez tengas fantasías de poder alcanzar cierta paz y satisfacción en el mundo tal como lo percibes. Mas ya tiene que ser evidente para ti que el desenlace es siempre el mismo. A pesar de tus esperanzas y fantasías, el resultado final es siempre la desesperación. Y en esto no hay excepciones ni nunca las habrá. Lo único de valor que el pasado te puede ofrecer es que aprendas que jamás te dio ninguna recompensa que quisieses conservar. Pues sólo así estarás dis­puesto a renunciar a él y a que desaparezca para siempre.
  • ¿No es extraño que aún abrigues esperanzas de hallar satisfac­ción en el mundo que ves? Pues se mire como se mire, tu recom­pensa, en todo momento y situación, no ha sido sino miedo y culpabilidad. ¿Cuánto tiempo necesitas para darte cuenta de que la posibilidad de que esto cambie no justifica el que sigas pospo­niendo el cambio que puede dar lugar a algo mejor? Pues una cosa es segura: la manera en que ves y has estado viendo por largo tiempo, no te ofrece nada en que basar tus esperanzas acerca del futuro ni indicación alguna de que vayas a tener éxito. Poner tus esperanzas en algo que no te ofrece ninguna espe­ranza no puede sino hacerte sentir desesperanzado. No obstan­te, esta desesperanza es tu elección, y persistirá mientras sigas buscando esperanzas allí donde jamás puede haber ninguna.
  • Mas ¿no es cierto también que aparte de esto has encontrado alguna esperanza, un cierto vislumbre -inconstante y variable, aunque levemente visible- de que está justificado tener esperan­zas basándote en razones que no son de este mundo? Sin embargo, tu esperanza de todavía poder encontrar esperanzas en este mundo te impide abandonar la infructuosa e imposible tarea que te impusiste a ti mismo. ¿Cómo iba a tener sentido albergar la creencia fija de que hay razón para seguir buscando lo que nunca dio resultado, basándose en la idea de que de repente ten­drá éxito y te proporcionará lo que nunca antes te había propor­cionado?
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lunes, 13 de agosto de 2012

Lección (191) - El vínculo con la verdad


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (13/08/2012)

Lección (191) - El vínculo con la verdad


  • No puede ser difícil llevar a cabo la tarea que Cristo te enco­mendó, pues es él quien la desempeña. Y a medida que la llevas a cabo, aprendes que el cuerpo sólo aparenta ser el medio para ejecutarla. Pues la Mente es Suya. Por lo tanto, tiene que ser tuya. Su santidad dirige al cuerpo a través de la mente que es una con él. Y tú te pones de manifiesto ante tu santo hermano, tal como él lo hace ante ti. He aquí el encuentro del santo Cristo Consigo Mismo, donde no se percibe ninguna diferencia que se interponga entre ninguno de los aspectos de Su santidad, los cua­les se encuentran, se funden y elevan a Cristo hasta Su Padre, íntegro, puro y digno de Su Amor eterno.
  • ¿De qué otra manera podrías poner de manifiesto al Cristo en ti, sino contemplando la santidad y viéndolo a él en ella? La percepción te dice que tú te pones de manifiesto en lo que ves. Si contemplas el cuerpo, creerás que ahí es donde te encuentras tú. Y todo cuerpo que veas te recordará a ti mismo: tu pecaminosi­dad, tu maldad, pero sobre todo, tu muerte. ¿No aborrecerías e incluso intentarías matar a quien te dijese algo así? El mensaje y el mensajero son uno. Y no puedes sino ver a tu hermano como te ves a ti mismo. Enmarcado en su cuerpo verás su pecaminosi­dad, en la que tú te alzas condenado. En su santidad, el Cristo en él se proclama a Sí Mismo como lo que eres tú.
  • La percepción es la elección de lo que quieres ser, del mundo en el que quieres vivir y del estado en el que crees que tu mente se encontrará contenta y satisfecha. La percepción elige donde crees que reside tu seguridad, de acuerdo con tu decisión. Te revela lo que eres tal como tú quieres ser. Y es siempre fiel a tu propósito, del que nunca se aparta, y no da el más mínimo testi­monio de nada que no esté de acuerdo con el propósito de tu mente. Lo que percibes es parte de lo que tienes como propósito contemplar, pues los medios y el fin no están nunca separados. Y así aprendes que lo que parece tener una vida aparte en realidad no tiene vida en absoluto.
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domingo, 12 de agosto de 2012

Lección (190) - LA JUSTICIA DE DIOS


Curso de Milagros 1 (TEXTO) (12/08/2012)

Lección (190) - LA JUSTICIA DE DIOS


  • El Cristo en ti no habita en un cuerpo. Sin embargo, está en ti. De ello se deduce, por lo tanto, que no estás dentro de un cuerpo. Lo que se encuentra dentro de ti no puede estar afuera. Y es cierto que no puedes estar aparte de lo que constituye el centro mismo de tu vida. Lo que te da vida no puede estar alojado en la muerte, de la misma manera en que tú tampoco puedes estarlo. Cristo se encuentra dentro de un marco de santidad cuyo único propósito es permitir que él se pueda poner de manifiesto ante aquellos que no le conocen y así llamarlos a que vengan a él y lo vean allí donde antes creían estaban sus cuerpos. Sus cuerpos entonces desaparecerán, de modo que Su santidad pase a ser su marco.
  • Nadie que lleve a Cristo dentro de sí puede dejar de recono­cerlo en ninguna parte. Excepto en cuerpos. Pero mientras alguien crea estar en un cuerpo, Cristo no podrá estar donde él cree estar. Y así, lo llevará consigo sin darse cuenta, pero no lo pondrá de manifiesto. Y de este modo no reconocerá dónde se encuentra. El hijo del hombre no es el Cristo resucitado. El Hijo de Dios, no obstante, mora exactamente donde el hijo del hombre está, y camina con él dentro de su santidad, la cual es tan fácil de ver como lo es la manifestación de su deseo de ser especial en su cuerpo.
  • El cuerpo no tiene necesidad de curación. Pero la mente que cree ser un cuerpo, ciertamente está enferma. Y aquí es donde Cristo suministra el remedio. Su propósito envuelve al cuerpo en Su luz y lo llena con la santidad que irradia desde él. Y nada que el cuerpo diga o haga deja de ponerlo a él de manifiesto. De este modo, el cuerpo lleva a Cristo, dulce y amorosamente, ante aquellos que no lo conocen, para así sanar sus mentes. Tal es la misión que tu hermano tiene con respecto a ti. Y tu misión con respecto a él no puede sino ser la misma.


Fuente: UN CURSO DE MILAGROS 1 (TEXTO) - Fundación para la Paz Interior

Este libro fue digitalizado para distribución libre y gratuita a través de la red utilizando el software (O.C.R.) "OmniPage Pro Versión 11" (POR LO QUE PUEDE HABER PALABRAS QUE NO EXISTAN, O NO CONCUERDEN CON EL CONTENIDO, COMO TAMBIÉN PUEDE HABER ERRORES DE ORTOGRAFÍA) y un scanner "Acer S2W".

Digitalización, Revisión y Edición Electrónica de Hernán (Persona no relacionada con los autores de "tzolkindiario.blogspot.com").

Rosario - Argentina

19 de Enero 2002